viernes, 12 de abril de 2024

El poder de dejar las cosas pasar

Rebeca era una chica linda. No eran sus ojos verdes, su cabello rizado resplandeciente, o su piel blanca que denotaba que salía poco de casa. Lo que más me gustaba de ella, era su peculiar tatuaje en la nuca. No era la gran cosa. era una simple espiral. pero había algo en esa espiral, algo que ningún tatuaje de flores, rosas, o cualquier otra cosa me había hecho sentir. Supongo que era el reflejo de quien era: una persona sencilla, con gustos sencillos. Estaba en 1er Semestre en ese momento, mientras yo luchaba con las exigencias del tercero. 

Nunca llegue a hablarle. Ni siquiera supe si se llamaba Rebeca. Parecía quedarle, aunque no puedo saber si opinaba lo mismo. No supe ni como es su voz. quizás tenía un tono agudo y cariñoso; o un tono un poco más grave, denotando rebeldía. Tuve la oportunidad de hablarle, de decirle lo genial que me parecía su tatuaje, escuchar su voz aunque sea una vez, de saber su nombre y recordarlo hasta que mi mente no fuera más que polvo de pensamientos perdidos. Pero no. 

¿Cuántas veces he dejado que las cosas pasen? ¿Cuántas veces he dejado que el destino se encargue del rumbo de mi vida, sin saber donde estaba parado antes? Es algo que ha sido, es, y siempre será. No puedo quejarme al respecto, por que yo mismo me he encargado de perfeccionar la técnica, y sacar mejores resultados. Por ejemplo, en lugar de solo "dejar las cosas pasar", ahora puedo ver muchas realidades. Vi, por ejemplo, como le hablaba a la chica, como la conocí, como fue esa relación de amistad hasta pasar a algo más serio. vi otra en donde salí humillado, y otra en donde la conversación no fue más que un intercambio de silencios entre verso y verso. Nada de esto paso, solo en mi mente, esa es la gracia de dejar las cosas pasar.

Entre más pasa el tiempo, más van siendo los efectos secundarios. Antes solo era una sensación extraña, como si se hubiera perdido algo sin perderlo; ahora es como ganar una lenta y dolorosa muerte. El ver tantas realidades me gustaba, me fascinaba ver lo que probablemente pasaría; ahora solo quiero cerrar el tercer ojo para mirar el presente si mirar las sombras del mañana.

Rebeca...Solo quiero decirte...el poder que yo mismo me otorgue, es un proceso del cual no me siento orgulloso. Al final, termine siendo parte del tatuaje, girando sin encontrar una salida. Sin embargo, dicha salida  siempre estuvo en frente mío, pero la puerta estaba en el sentido contrario. Me encantaría poder hablar contigo de verdad, dejar de lado la superstición, de pretender que siempre estarás ahí. No quiero conformidad, no quiero pensar, no quiero que mi vida se resuma en visualizar y no sentir. No quiero la calidez de la monotonía. No quiero el polvo de mente en mi almacén. 

Solo quiero, que las cosas pasen.

El poder de dejar las cosas pasar

Rebeca era una chica linda. No eran sus ojos verdes, su cabello rizado resplandeciente, o su piel blanca que denotaba que salía poco de casa...